LAS SINRAZONES DEL ABORTO XVII
La gran meta actual: evitar todo tipo de aborto
Alfonso López Quintás
De la Real Academia Española
de Ciencias Morales y Políticas
“El que no valora la vida no se la merece”
(Leonardo da Vinci)
A lo largo de esta serie sobre “Las sinrazones del aborto” hemos analizado la práctica abortista desde diversas perspectivas, a fin de clarificar unos cuantos puntos decisivos, a menudo tergiversados por los manipuladores. Para coronar la serie, quiero exponer hoy mi firme –y a mi entender, bien fundamentada- convicción de que todo aborto debe ser evitado. Es hora de que la Humanidad considere como una meta urgente e ineludible evitar esta práctica, de modo semejante a como rechaza la esclavitud, la lapidación y la silla eléctrica. Se dirá que son modos distintos de violencia. Ciertamente, pero tienen un rasgo común, pues en ellos dispone el hombre de la vida ajena y pierde, con ello, un logro conseguido tras siglos de esfuerzos heroicos: el respeto incondicional a la vida humana.
Para ser incondicional, dicho respeto ha de estar por encima de razonamientos falaces, decisiones políticas interesadas, actuaciones impulsadas por prejuicios ideológicos, no por ideas ajustadas a la realidad. Cuando una convicción, madurada a través de análisis serenos y penetrantes, se convierte para nosotros en un principio de actuación, adquiere una forma de expresión contundente y precisa, como es por ejemplo ésta: “La vida humana ha de ser promovida; el aborto debe ser rechazado”.
Si queremos que este principio tenga eficacia en la vida real, hemos de afinar la sensibilidad y estremecernos ante el hecho de quitar la vida a un ser –el embrión- que, aun estando de momento desvalido, posee una fuerza interna impresionante, merced a la cual se convierte rápidamente en un ser humano como nosotros, incluso tal vez mejor dotado.
Revisión de los tres supuestos de la despenalización del aborto
Como las leyes modelan, poco a poco, la opinión pública, parece que nos hemos hecho a la idea de que los tres supuestos que justifican –según la ley española actual- la despenalización del aborto son irrebatibles. Si se los analiza con la debida imparcialidad y finura metodológica, se nos muestran como extremadamente vulnerables.
1. En cuanto al supuesto de posible daño físico o psíquico de la madre, hay que distinguir diversos grados de daño.
a) Si se trata de daños leves que no comprometen la vida de la madre, no hay conflicto entre dos vidas, sino entre la salud de la madre y la vida del hijo. No es frecuente que, debido a un embarazo no deseado, sufra la madre una enfermedad psíquica que ponga en peligro su vida. Lo que sí suele suceder, en cambio, es que el aborto provocado cause graves alteraciones psíquicas en las mujeres que lo han perpetrado, como vimos en el trabajo anterior al hablar del “síndrome postaborto”.
b) Si el embarazo causa un daño tan grave a la salud de la madre que pone en peligro su vida, se produce un conflicto inevitable entre dos vidas. En tal caso, lo procedente es cuidar a la madre, aunque el tratamiento cause –indirectamente- la muerte del hijo.
2. Cuando se prevé una malformación del feto, se recurre a veces al aborto por el temor de que el niño vaya a carecer de una auténtica calidad de vida.
a) Antes de hacerlo, deberíamos pensar que el concepto de “calidad de vida” es muy relativo: personas dotadas de perfecta salud y una desahogada posición económica sufren, a veces, una amarguísima falta de sentido, en tanto que otras, con salud quebradiza y escasos medios, disfrutan profundamente con los mínimos goces que les depara la vida cotidiana.
b) Si lo que nos preocupa realmente no es tanto la felicidad del niño cuanto el sacrificio que nos va a suponer su cuidado, hemos de recordar que suele haber personas e instituciones dispuestas a hacerse cargo del mismo en cuanto nazca. Es injusto, pues, considerar el aborto como la única salida...
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